|
|
|
|
¡Volvieron los Seamonkeys!
Sin vencedores, todos vencidos
Por las Ovejas Negras
|
Algo que siempre ha caracterizado a nuestro hermoso y querido rebaño, es la eterna vuelta al pasado, el Certero Eterno Retorno Ovino (CERO). En algunas culturas se trata al pasado como a un conjunto de hechos que se ordenan y se interpretan, con el fin de extraer de ellos alguna que otra enseñanza valiosa para el futuro.
Sin ir más lejos, y en el peor de los casos, se puede llegar a sostener que lo único que aprendemos del pasado es que no aprendemos nada. Bien podría ser ésta una frase de cabecera de nuestra colega, amiga y hermana de tubo de ensayo, Doxy. Pero, no por ello deja de ser útil como recordatorio de nuestro eterno tropezar con la misma piedra, o su eterna deglución.
En la mayoría de las culturas valiosas de Occidente (no nos interesa el resto, porque la corrección política sólo sirve para escribir artículos simpáticos en nuestra querida Pravda), el transcurso del tiempo goza, en general, de un sano equilibrio entre el pasado, el presente y el futuro. Ahora bien, si tomásemos alguna otra cultura occidental poco valiosa, como la de Nuestro Rebaño (más bien disvaliosa), nuestro eterno tropiezo consiste en el vivir sumergidos en el pasado. Sin poder ver al presente, y mucho menos al futuro.
Las ovejitas viven con alegría añorando diferentes versiones, diferentes pasados imaginarios, de lo que alguna vez fue su país.
Puede tratarse del país que construyeron los conservadores, destruido por los grandes movimientos oclócratas (radicalismo y peronismo) y terminado de enterrar por los generales, los almirantes y los brigadieres de estrechas miras pero gran ambición, que no se contentaban con aspirar al comando de su Estado Mayor Conjunto de preferencia.
Otras ovejitas trocan el orden de las fichas, y surge así el país que construyeron los grandes movimientos oclócratas y destruyeron los conservadores y los militares. Y continúa la progresión hasta llegar a la versión más exótica: la del país que construyeron los militares y que destruyeron los grandes movimientos oclócratas y los conservadores. ¡Nadie puede negar que esta tierra haya sido siempre generosa con las culpas ajenas y los aciertos propios!
En nuestra redacción encontramos como fiel exponente de dicha postura a nuestra colega, amiga y hermana de tubo de ensayo, Beni. Ella siempre nos recuerda el peligro del que nos libraron los hombres de verde (sin olvidar a los de blanco y de azul) al evitar que un sucio trapo rojo ondease en lugar de nuestra gloriosa enseña celeste y blanca. Tanta policromía no deja de horrorizarnos, como verdaderas Ovejas Negras que somos. Tanta generosidad en la paleta de los aciertos y desaciertos del pasado nos lleva a hacer hincapié sobre el ¿nuevo? capítulo que se está escribiendo sobre nuestro eterno y siempre presente pasado, que fagocita con fruición al comatoso futuro.

Nuestro eterno tropiezo consiste en el vivir sumergidos en el pasado
Es por ello que las ovejas pardas como Beni siguen con su eterna batalla, reivindicando a la más lamentable dictadura que asoló a la Argentina (verdadero récord): el Proceso de Reorganización Nacional.
Para nuestra terrible desgracia, como Ovejas Negras, siempre consideraremos a la peor de las democracias como preferible a la mejor de las dictaduras. Si tomamos a Leopoldo Moreau como el denominador más bajo de la democracia argentina (y quizás planetaria) de todos los tiempos, siempre nos quedaremos con él, Reliveran mediante, por más que nos presenten al mejor de los dictadores de la historia nacional. No es necesario un gran esfuerzo, como todos los dictadores argentinos nos resultan igualmente nefastos, el lector escogerá al que más le guste…
Los panegiristas del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, y el interminable septenio que le siguió, nos señalan que esa patriada se realizó para evitar que los Montoneros y demás grupúsculos de sabandijas de la izquierda ridícula tomaran el poder y transformaran a nuestro querido suelo patrio en una terrible orgía de muertos, terror, caos económico, venalismo exacerbado, incompetencia y mesianismo irresponsable.
Pero, paradójicamente (gracias, Doxy), el mismo Proceso hizo brotar de la galera, o del casco, a todas esas temidas plagas: desaparecidos, terrorismo de Estado, desmanejo económico, corrupción generalizada, apartamiento del mundo civilizado, y hasta una guerra irredentista perdida.
No sin esfuerzo, el Proceso alcanzó el dudoso mérito de integrar la terna de los regímenes más antiliberales desde la organización nacional, compartiendo el podio con el dorado primer decenio del Gran Pastor y la gran aventura de la Revolución Argentina.
Tan torpes, miserables y autocomplacientes fueron sus integrantes que no quisieron, no supieron o no pudieron hacer uso del poder casi absoluto que ejercían para dejar tras de sí siquiera una obra o logro que permitiese exculparles quince minutos en el poder, como quizás fuere el caso en algunas naciones vecinas, de las que tanto solemos reírnos.
Es nuestro deber con la verdad, eso sí, reconocer un único gran logro del Proceso de Reorganización Nacional, quizás involuntario. Ni siquiera la oveja más fantasiosa, ni siquiera los propios militares, imaginarán por algunas décadas que el gobierno pueda estar en otras manos que no sean civiles, sin importar lo risibles que puedan parecer.
Y como cereza de la torta, los Montoneros tomaron de igual forma el poder. No es ningún secreto que El Pingüino, su señora esposa y muchos de sus acólitos del progresismo cangrejo, hoy tan de moda, militaron en este movimiento, o por lo menos compartían su metodología de destruir todo lo que se les interpusiese en su camino hacia el poder. Y no deja de ser gracioso que también llegaran al gobierno como una minoría muy lejana a ser una fuerza mayoritaria. Hasta Illia recibió más votos en 1963…
No podemos quitar de nuestras pobres y desquiciadas mentes, el terrible y amargo sabor de creer que la lucha entre el “Proceso”, por un lado, y la “subversión”, por el otro, se trató de tan sólo una interna para dirimir a quienes iban a terminar de hundirnos haciendo uso de ¿casi? las mismas oxidadas y terribles herramientas. Quizás los Montoneros no fueran tan diferentes de los procesistas, quizás ahora, leones herbívoros desdentados a palos, sean hasta menos dañinos que el Proceso.

YPF, YCF, Elma, Ferrocarriles, Entel, Gas del Estado, Aerolíneas, etc, etc, etc, etc …
Los Montoneros comienzan a recuperar el patrimonio del Proceso liberal.
A nuestro terrible pesar, ambos han sido tan ineficaces que todavía no terminamos de ahogarnos pero, sin duda alguna, anticipamos que nos hallamos cada vez más cerca del tan ansiado fondo.
Nada mejor entonces que seguir desempolvando el pasado desde las profundidades abisales…
¿Pues qué podemos entonces agradecer al Proceso? ¿La televisión color? ¿El Mundial de fútbol de 1978? ¿La privatización de la recolección de la basura en Buenos Aires? ¿El cinturón ecológico? ¿El puente Zarate-Brazo largo? Nosotros nos quedamos con los Seamonkeys ¿Y Usted?

La felicidad más grande que trajo el Proceso entraba en un sobrecito
¡Viva el autoritarismo argentino y sus grandes logros!
|
|