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Las vacas sagradas
La carne es del que la come
Por Moly
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No haremos ningún descubrimiento al afirmar que nuestro Rebaño de ovejas es muy particular. No sólo ello, es único. Se trata de un rebaño de ovejas, carnívoras éstas, para quienes, a semejanza de los hindúes, las vacas son sagradas. En nuestro caso, la sacralidad abarca a la cuasi integridad de nuestros pacíficos amigos rumiantes, haciendo la salvedad de los huesos, pero no del tuétano. Si alguna cualidad pudiese, por sí sola, dar forma a nuestra Identidad Nacional, a más de la Viveza Criolla, sería nuestra veneración pagana del becerro de carne (asada).

¡La vida por una tira a punto!
Pese a habernos dotado la Providencia de un extensísimo litoral marítimo de 5.117 km, las ovejas aborrecemos del pescado en todas sus formas con una pasión tan intensa como aquella por la que consagramos nuestras breves existencias a la ingesta masiva de carne vacuna, también porcina y, muchas veces sin saberlo, equina.
Nuestras Pampas, verdadero océano de pasto cuyo único límite es el horizonte, nos proveen, o así deberían, de las ingentes cantidades de carne vacuna de calidad que a diario demandamos. Incontables hogueras a carbón se encienden todos los días en honor a nuestra deidad bovina; las que requieren del sacrificio de miles de vacunos en nuestros templos, los frigoríficos. Dichos sacrificios rituales se completan en humildes altares, las hogueras citadas, sobre estructuras metálicas (vulgarmente conocidas como parrillas) en las que se ejerce el elaborado arte ovino por excelencia, la cocción del asado. El circunstancial asador imparte en el acto los sacramentos de nuestra religión y obra de su sacerdote, recibiendo aplausos y felicitaciones o rechiflas, en virtud de la calidad su ofrenda.

Santa Vaca, patrona y protectora de todos nuestros asaditos
A todo ello debemos agregar que nuestra historia política, en particular la del Ovejerismo Nacional y Popular (ONAPOP), se tornaría indescifrable a no ser por el celebérrimo choripán (chori para los amigos), imán convocante de la participación de las masas ovinas.

El Chori ovino: causa y efecto del Ser Nacional
El Pingüino, el más fino intérprete de la voluntad popular desde el Gran Pastor, lo ha sintetizado con su implacable elocuencia: “tengan en cuenta que la carne es fundamental en la mesa de todos los argentinos”.
La carne bovina es nuestro petróleo, nuestro maná, que nunca se agotará, nuestro orgullo, nuestra debilidad, nuestra identidad, nuestro patrimonio, nuestra esencia y razón de ser. Quien se interponga entre las ovejas y el asado asequible comete el peor crimen que un argentino pueda cometer contra otro hermano argentino. No puede ser calificado sino como un muy infame traidor a la Patria.
La guerra sin cuartel contra la especulación y agio que declarara el Gran Pastor en 1946, y unos años antes como un humilde coronel del Rebaño, es continuada con el mismo fervor por su aventajado discípulo patagónico.
Recordemos con reverencia que el Gran Pastor llegó hasta a acompañar a la policía en sus redadas a los comercios de agiotistas y especuladores. Recordemos que llegó a amenazar a los ganaderos con ir Él mismo de matarife a Liniers.
La oligarquía estanciera, a la que nunca terminamos de derrotar, aprovechó a la Devaluación Más Exitosa de la Historia para disimular su perverso plan de privar a las ovejitas de su alimento primordial mediante injustificados aumentos y exageradas exportaciones. ¿A quién le importa que los alemanes paguen treinta euros por un kilo de lomo? ¡La carne es nuestra! ¡La carne es del que la come! Lo que sobra, en todo caso, irá para los caranchos y los alemanes.
Pero a no desesperar, el Pastor Pingüino, hijo de las entrañas mismas de la Patria, ha hincado el pico en la carne argentina, y no la va a soltar.
Ya le ha quebrado el espinazo a los insolentes y desagradecidos supermercadistas, que han firmado los “acuerdos” de precios sin chistar. Ya los productores de alimentos y otros bienes acuden de rodillas a la Rosada para ofrecer el tributo de los precios solidarios.
El Pingüino no deja estas labores primarias ni siquiera a Cristina. Luego de tensas y arduas reuniones, nos ha garantizado un precio justo, solidario, ovino y popular para las galletitas Boca de Dama, para el polvo para flan chocolate, para el Nescao (a falta de Toddy), etc. Se esperan, de un momento a otro, “acuerdos” para congelar el precio de las barras de dulce de leche sólido, los milkibar, los chocolatines Jack (que ahora llevan en su interior las figuras imperialistas de The Simpsons), las Rodhesias, el queso mozzarella, la cerveza, la fainá y de otros componentes insustituibles de la canasta ovina.
Los taimados supermercadistas chinos, que desplazaran a los añorados almaceneros ovinos con sus prácticas desleales de mantener abiertos sus locales hasta bien entrada la noche y durante los feriados, tampoco quedaron fuera de los “acuerdos”.
Pero la oligarquía ganadera, demasiado acostumbrada a la anarquía económica y el saqueo de la Segunda Década Infame, ha tomado la torpe decisión de repudiar y resistir los designios del Pastor Pingüino.

Entre whiskies importados y habanos cubanos, la argentinidad es puesta en jaque por unos pocos oligarcas que no entienderon que estamos, de nuevo, en un País en Serio
Por fortuna, así como el Primer Pastor dispuso del IAPI para controlar a la economía nacional, dispone el Pastor Pingüino de multitud de herramientas nacionales para imponer la voluntad del Rebaño por sobre vendepatrias y renegados.
Para empezar, las retenciones móviles (para arriba) a las exportaciones, institución ovina por excelencia, que rescatara Súper Lavagna de la ignominia.
También se halla en el arsenal pastoril una sofisticada red de reglamentaciones, permisos, registros, certificados, trámites, nuevos organismos, formularios, etc. que nadie ha cruzado indemne.
La ministra de economía, para no ser menos que Súper Lavagna (y bajo expresas instrucciones del Pastor Pingüino), hizo gala de un notable oportunismo e instrumentó un “registro informatizado que posibilitará mantener un balance estadístico de las operaciones de exportaciones de carnes hacia los diferentes mercados y también de los distintos cortes que exporta el país”. También es de notar que, por “casualidad”, el citado registro y otros requisitos para exportar carne permitirán cortar las alas y mantener una cincha corta a estos contrabandistas de felicidad e identidad ovinas.
Si todo ello fallara, se puede volver a convocar a Antonio Berhongaray, lo que garantizaría el retorno de la fiebre aftosa. ¡A ver a quién le exportan carne después de eso!
Por tanto, queridas ovejas, pueden ya encender los carbones, la carne bovina sagrada seguirá siendo nacional y popular en la Comunidad Ovina Organizada.

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