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Pingüino Atorrante:
Popularidad instantánea, del BID a la urna
Por la Oveja Negra de Zarathustra

Las Ovejas Negras nos hallamos divididas entre la fascinación y el espanto.

Berreamos en forma casi incontenible ante los espasmos megapopulistas y nacionalistas del Pingüino y sus adláteres, ante sus descaradas contradicciones, pero no dejamos de observar fascinados al ya longevo e invencible monstruo creado (o tal vez sólo despertado) por el Primer Pastor, a la criatura que lo ha sobrevivido treinta años y que no deja de fortalecerse, al Rebaño Ovino.

La exitosa secta que dejara tras de sí el Primer Pastor, el Movimiento Nacional Ovejerista, por medio de algún arcano mecanismo aún por dilucidar, recluta e instruye (si vale la palabra) a devotos de la fe ovina con un poderoso instinto de supervivencia, tanto la propia como la del torpe, voraz e insaciable Rebaño.

De cuando en cuando, ciertos hechos iluminan breve y tenuemente al mentado mecanismo para dejarnos ver su naturaleza retorcida, nauseabunda, tosca y perversa, aunque eficaz en extremo.

El Pingüino es un avanzado discípulo de la secta en cuestión. Domina por instinto pastoril la práctica de los ritos y ofrendas sagradas que seducen al Rebaño, cual un flautista de Hamelin en perpetuo y circular derrotero.

Podemos ver con frecuencia al Pingüino recorriendo nuestra ancha, larga y subterráneamente acuosa geografía. Allí donde se detiene a entregar su mensaje invariablemente manan a borbotones de su pico regurgitante una catarata de subsidios, regalos, empleos, “obras” públicas varias y afines.

El Rebaño allí presente entra en éxtasis. Ama y sigue al Pingüino de la misma forma en que lo hace con los conductores de programas televisivos de concursos y sorteos. No deja de ser notable que el Pingüino deba recurrir al regalo descarado para convocar multitudes y apelar a la recuperación de la Dignidad Nacional y del “orgullo de ser argentinos”.


El nuevo Libertador de la Ovinidad ya se merece su billete: el Pingüitrucho
Sólo lo aceptan en los negocios adheridos a la Dignidad Nacional y
para la compra de garrafas sociales

Para aquellos que siempre inquirimos acerca de las esquivas naturalezas de la Dignidad Nacional y del “orgullo de ser argentinos”, las presentaciones del Pingüino tienden sobre ellas un revelador manto de luz.

El propio Pingüino, casualmente durante un acto de regurgitación de un plan habitacional, aseguró que la deuda es "terrible" y fue generada "por los atorrantes de acá y de afuera".

Escapa a las crudas sinapsis ovinas que las viviendas ovinas son pagadas por los proclamados vampiros enemigos del Rebaño, los organismos del crédito internacionales. Escapa también que un Estado con un default monstruoso, cuyo pico visible reniega de la deuda y mucho más de sus artífices (el Pingüino es un recién llegado del planeta Ping), emprende el mismo camino de endeudamiento salvaje, anticipamos con idéntico, o peor, destino.

Pero el Rebaño siempre resurge, como el Gato Félix o el Ave Fénix. Más pobre, más estúpido, y más sediento de Dignidad Nacional.

Los principios son muy simples

Los bancos se niegan a prestar porque planean enriquecerse con nuestra miseria (o quizás porque es imposible rematar la casa de quien no paga sus deudas).

Por tanto, el Estado (otro nombre del Pingüino) se ve “obligado” a regurgitar viviendas ovinas con préstamos de organismos internacionales de crédito.

Los recipientes de las viviendas no las pagan con dinero (escaso) sino con votos (abundantes).

Asimismo las empresas de servicios públicos privatizadas deben realizar inversiones, aún con sus tarifas reducidas a un tercio. Si las empresas de servicios públicos estatales tenían enormes pérdidas, las privadas deben también soportarlas. Los únicos privilegiados son los corderos.

Las industrias nacionales, propiedad de multimillonarios, deben ser protegidas a toda costa de las “invasiones” de productos más baratos y de mejor calidad ¡hasta de los que fabrican nuestros hermanos con quienes nos abrazamos con efusión!. Pues los pocos dispuestos a “invertir” en esta tierra generosa lo hacen con la garantía de que pueden fabricar productos de pobre calidad y a precios altísimos y contar siempre con el fiel Mercado Interno. ¿Quién más podría dar empleo a las ovejas?

Cuando todos los simples principios expuestos fallasen, queda una solución. Devaluar y así reducir los sueldos y las jubilaciones y expandir las ganancias de los amigos de siempre.

La devaluación es mágica, las ovejas siempre van a creer que son los precios que suben, por causa de los cipayos agiotistas, y no los salarios y jubilaciones que bajan.

Otra válvula de escape, como hemos visto, es el endeudamiento. La deuda externa es un producto de oscuras conspiraciones de banqueros apátridas y otros traidores. Nunca de Pingüinos regurgitantes y créditos del BID o de décadas de déficit fiscal.


¡Pequeña borrega: ya tendrás tu Plan Jefes y Jefas de Salitas y ositos de peluche sociales!

Armado de tamaños principios y artificios, el monstruo es invencible.

Las Ovejas Negras nos unimos en un sentido homenaje. ¡Larga vida al monstruo! ¡Salud!