Han surgido recientemente voces clamando por que el régimen cubano abra las puertas del Paraíso de los proletarios tropical y permita a la Dra. Hilda Molina visitar a sus nietos que residen en la Argentina y a los que nunca pudo ver.
La Dra. Molina, “una de las médicas más prestigiosas de Cuba”, según afirman, ha dicho que un funcionario de la dictadura le dijo que su cerebro era patrimonio de su país y que por ello no podría viajar.
Aparentemente la Dra. Molina cayó en desgracia con el régimen, léase con el monigote sanguinario parlanchín eterno mandamás, en 1994 cuando manifestó sus discrepancias con la política oficial en materia de salud. En particular, presentó una queja pública contra la decisión del régimen de disminuir el número de camas para pacientes cubanos y aumentar los servicios a extranjeros que pagan en dólares.
Este cuestionamiento le valió ser considerada disidente. Tuvo por ello que renunciar a la dirección de un instituto médico y luego a su banca como diputada.
Es el sacro deber de las Ovejas Negras Nativas desenmascarar a esta deleznable traidora bifronte saboteadora trotskista más engañosa que el camaleón.
Esta disidente por conveniencia que tiene sesenta años de edad, ha pasado toda su vida adulta dentro de la Verdadera Democracia. Hasta formó parte de la asamblea que vota siempre por unanimidad los proyectos del Comandante. Digamos que estamos hablando de la carrerista que dio el mal paso.
Resulta pues, que nuestra heroína golpea la mesa y levanta la voz sólo contra el manejo de la salud por parte del régimen. Por supuesto, cuando los rublos y el petróleo llovían como maná socialista desde la Unión Soviética y permitían sostener un cierto bienestar en la isla, la doctora Hilda era una socialista ejemplar, ejemplo entre los científicos del país. Ejemplo de obtener las mejores notas por su compromiso con la Revolución. Ejemplo de obsecuencia ciega que muestra, a todas luces, la superioridad de la ciencia socialista sobre la ciencia burguesa.
No importaron décadas de fusilamientos, ausencia de libertad de prensa, cárcel, persecución y opresión a los opositores, prohibición de armar arbolitos de Navidad, etc. Hilda estaba contenta con su sistema de salud ejemplar.
Pero en 1989 se cayó un muro a miles de kilómetros de distancia y, dos años después, se clausuró la fuente soviética de maná. Los términos de intercambio entre el petróleo y las aspirinas y la caña de azúcar se deterioraron más que sensiblemente y los rublos eran de poca ayuda; siempre y cuando llegaran…
El comandante debió buscar entonces dólares en donde le fuese posible. No había aspirinas ni camas suficientes para los pseudo ciudadanos cubanos que no fuesen funcionarios o sus familiares. Los recursos debieron orientarse a los turistas y a sus tan necesarios dólares.
Y fue entonces que la gran socialista dijo basta. Tal como muchas ovejas infradotadas que creen en la propaganda de un régimen en el que no hay un solo periódico o canal o radio opositor, no tenía problemas en tolerar todas las aberraciones imaginables, todos los atropellos y humillaciones (hacia otros cubanos, claro está). Todo estaba bien mientras se mantuvieran las celebérrimas salud y educación cubanas.
Envió Hilda a su hijo fuera del país traicionando la confianza de su amo y devolvió medallas. Sólo por cuestionar la política de salud se convirtió en una disidente tuerta.
El régimen, mucho más coherente, le impidió salir del país, algo que Hilda pudo haber hecho en una de sus tantas visitas al exterior, y la condenó a vivir de las transferencias monetarias de su hijo. Así se castiga a los desviacionistas, sobre todo a los de izquierda. Alguna ovejita cínica diría que es el precio de ser “más papista que el Papa” (en el paraíso ateo).
En definitiva, le estamos haciendo un favor: la estamos ayudando a superar este traspié en su coherencia ideológica: ¿Sos autoritaria? ¿Estás a favor de que no haya disidencia ni crítica? Ahora te van a tocar sus beneficios, pero del otro lado del escritorio. Señora Hilda Molina: durante tantos años apoyó todo esto (y muchas cosas peores). Sea coherente y disfrute de todo aquello por lo que tanto bregó. Democracia para los demócratas. Autoritarismo para los autoritarios…
Su cerebro es efectivamente patrimonio de su país. ¿Quién es Hilda para criticar las decisiones soberanas de la asamblea del pueblo de Cuba que asignó una gran cantidad de recursos para entrenarla? ¿Quién es Hilda para cuestionar a la dictadura del proletariado? Tal vez algún día pueda devolver el cerebro y causar menos problemas como vegetal que como ovejita descarriada revoltosa. Quizás, haciendo uso de su ciencia, pudiese dejar su cerebro en Cuba y viajar descerebrada a nuestras Pampas, hay muchos diputados nacionales en busca de asesores.
Por todo eso es que lanzamos la Campaña “Hilda se queda en el Paraíso” para ayudar a esta buena doctora amante de la planificación centralizada, de la dictadura del proletariado y de los privilegios de la nomenklatura a no cometer el error de cruzar las puertas del Edén Científico en busca del hedonismo burgués de bajo vuelo.
Por eso le pedimos a todas las ovejitas de bien firmar y hacer circular la siguiente planilla: Se las enviaremos al Canciller Rafael Bielsa para que sepa que no queremos a Hilda entre nosotros.
En Argentina ya tenemos demasiados disidentes por conveniencia, no necesitamos uno más.
De todas formas, para que no digan que somos insensibles a las lágrimas de una abuelita y sus nietitos, prometemos hacer uso de nuestros excelentes contactos con Kim Jong Il para conseguirle una residencia en un hospital en las afueras de Pyongyang. Estamos seguros de que allí no extrañará las delicias de un totalitarismo socialista intransigente.